Me enfado porque lo digo yo

     No es fácil hablar cuando la ira y la rabia nos dominan por completo y salen aquellas palabras endemoniadas que nos impiden expresarnos con claridad. Hay personas que no tienen tantas habilidades sociales y acaban usando las manos como medio para expresar su rabia. Liberarse de lo que nos afecta es bueno y saludable. El problema es que a veces no contamos con los recursos necesarios para canalizar nuestros sentimientos.

     ¿Es buena la ira o la rabia? Debido a los estigmas que rodean a estas dos palabras estamos acostumbrados a no exteriorizar nuestra rabia. La ira forma parte de ese gran abanico de emociones con las que el hombre tiene que lidiar a diario. Por supuesto, hablar de los sentimientos no ha sido cosa fácil. Es sabido que en algunas culturas asiáticas, los sentimientos no son mostrados por miedo a mostrarse débil.

     La frustración y el enfado son emociones normales, y, por tanto no deben ser evitadas. Se convierten en problema cuando no conseguimos calmarnos. Debido a esto mostramos nuestra ira con miradas hirientes, palabras fuera de lugar y algún que otro improperio. Dicho malestar se produce cuando la persona se encuentra en una situación límite en el que su nivel de tolerancia se ve desbordado. Desde una persona que nos hace esperar media hora hasta alguien por la calle que va silbando o aquella estridente alarma del coche. Según el Laboratorio de Investigación  Prosocial Aplicada, “La persona con arranques frecuentes de enfado y de ira por las activaciones fisiológicas extremas adolece de una mayor vulnerabilidad en su salud mental y física”.

     “La rabia nos indica que algo debe ser cambiado”, sostiene Emotional Competency. En el momento en que nuestro sistema nervioso se activa todo empieza a afectarnos y entramos en un círculo vicioso difícil de salir airoso. La situación que nos provoca rabia nos conduce a pensamientos negativos, estos a su vez nos llevan a emociones perjudiciales que se traducen en malestar físico y como consecuencia se traducen en actuaciones violentas.

     Paula Hole, miembro de Plymouth Mind y tutor deml programa "Recovery College" nos da algunas claves para entender por qué  nos enfadamos y qu'e debemos hacer para mejorar nuestra salud mental y física.

¿Por qué nos enfadamos?

El ser humano se enfada por diferentes motivos: ser verbalmente o físicamente agredido, encontrar obstáculos en el camino hacia nuestros objetivos, sentirnos decepcionados, tener un mal día o alguien que actúa en contra de nuestros principios…De la misma manera que el enfado puede aparecer después de muchos años fruto de una situación de abuso vivida en la infancia o algo intolerante.

¿Qué problemas pueden estar ligados con la rabia?

Actualmente, “la rabia es la moción que probablmente causa más problemas en las relaciones familiares, en el trabajo y en nuestras relaciones diarias”, afirma “Mental Health Foundation”. Cuando la rabia llega a copar gran espacio en nuestras vidas ésta se traduce en problemas de salud mental, incluyendo la depresión, la ansiedad y las autolesiones. Asimismo, aparecen problemas como:

  • Alta presión arterial       b21562tp81r
  • Resfriados
  • Infartos
  • Cáncer
  • Problemas gastrointestinales              

¿De qué manera podemos aliviar nuestra ira?

Hay evidencias de sobra que demuestran que manejar de manera constructiva la rabia ayudan a tener buena salud, hace que nos sintamos más positivos y podamos alcanzar nuestros objetivos. De la misma manera que podemos disfrutar de relaciones sanas.

Para calmarnos, Paula Hole recomienda seguir los siguientes ítems:

  • Párate un momento y piensa si esa situación te recuerda a otra
  • Aléjate de la situación que te irrita por un tiempo para poder pensar de manera clara
  • Intentar respirar más serenamente para que tus hombros se relajen y mejores así el ritmo cardiaco
  • Si nos podemos desviar nuestra atención del foco que nos causa daño, es bueno escuchar música o salir a  pasear de manera rápida durante al menos 40 minutos, tiempo suficiente para que nuestra mente desconecte y piense en otros asuntos
  • Por último, sé honesto contigo mismo: “No es mi culpa. Voy a intentar no enfadarme porque esto me llevará a problemas peores”.