Charlie versus tolerancia

          Mucho ya se ha hablado sobre Charlie Hebdo y su fatídico desenlace que no hace otra cosa sino salpicar al resto de Europa con más atentados. No olvidemos que mientras se estaba desarrollando una auténtica cobertura mediática en Francia y resto de Occidente, en Nigeria, el grupo islamista Boko Haram

arremetía contra toda una población el pasado sábado: “la ciudad ha sido completamente arrasada y cientos de civiles, o incluso hasta 2.000 han muerto, se trataría de una sangrienta y perturbadora escalada de las masacres del grupo contra la población”. ¿Ellos también publicaron viñetas de la cara de Mahoma? ¿Por qué apenas se habla de la muerte de casi 2.000 personas? Formulo mejor la pregunta: ¿por qué no se habla de la muerte de casi 2.000 personas en África? Pues por la misma razón que muchos no sabían de los orígenes del ébola allá por los años 70 en África. De nuevo, Occidente vuelve a silenciar al continente africano.

         Y, en todo esto, se alzan banderas en defensa de la libertad de expresión justificando que no se debe poner límites a ésta: la opinión y la expresión no pueden ser vilipendiadas. Pero éstas han sido usadas para incitar al odio y faltar a las creencias religiosas. ¿Dónde reside el límite de la libertad de expresión, libertad de prensa y pensamiento? ¿Dónde la ética periodística y el código penal? No sería la primera vez que el semanario francés publicaba caricaturas con la cara del profeta Mahoma. También fue en contra de la Iglesia Católica con sátiras ofensivas: “mostraba a las tres personas de la Santísima Trinidad sodomizándose entre sí”.

          Charlie no ha sido el único. El diario danés, Jillands Posten, en el año 2005 hacía públicas unas viñetas vinculadas al Islam y al profeta Mahoma. El resultado fue quema de banderas, incendios en embajadas y muertes que abrieron más la brecha entre Occidente y Oriente. Si bien es cierto que el Corán no incluye ninguna prohibición sobre la representación de animales o figuras, el Islam se ha manifestado en contra de la iconografía llegándola a considerar una blasfemia y ofensa. Según el profesor Fernando Klein, de la Universidad Complutense de Madrid, la mayor parte de las representaciones de Mahoma que perviven en el tiempo han representado la figura de Mahoma difuminando la cara de manera que éstas quedaran inacabadas. El Corán considera profano hacer caricaturas de Mahoma, desobedecer sus leyes y adorar a otros santos.

          “Libertad, igualdad y fraternidad”, fue el legado que dejó la Revolución Francesa y los mismos principios por los que han muerto los periodistas de Charlie bajo un gobierno que permitía dicha publicación a pesar de ir en contra de la tolerancia religiosa.

          Recientemente, el Papa Francisco castigaba el atentado terrorista haciendo alusión a la libertad de expresión: “No puedes jugar con la religión de los demás. No puede insultar su fe o reírte de ella. Esa gente provoca y entonces (algo ocurre). En la libertad de expresión hay límites". Dará que hablar, dará y mucho porque “nunca llueve a gusto de todos”. Tanto la libertad de expresión como la religiosa “son derechos fundamentales del ser humano”. Ya lo dijo el filósofo Sartre: “Mi libertad termina donde empieza la de los demás”. Todos somos libres, siempre y cuando no perjudiquemos al otro por el simple hecho de estar haciendo gala de mis derechos.

          El semanario francés Charlie Hebdo atentó y fue no sólo en contra de los valores de la República y Occidente, también hizo apología religiosa levantando tensiones entre los fieles seguidores de Mahoma, yihadistas, que no atienden a razones. No todo puede estar amparado bajo “la libertad de expresión” si mi palabra provoca el odio hacia otros y muertes. El uso de la violencia fue “justificado” por los yihadistas siguiendo la premisa del “Ojo por ojo y diente por diente”, es decir, radicalismo en su estadio más extremo. Si el enemigo ha envainado la espada, su adversario puede hacerlo en defensa de Mahoma, tergiversarían los seguidores del Corán.

          “Toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia estará prohibida por la ley”, cita el artículo 20 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

          Desgraciadamente, no hay justificación alguna para la muertes de estas doce personas a manos de terroristas.